En la diversidad, construimos la Unidad

La Mariápolis 2026 en Lima se llevó a cabo en Chosica del 26 al 28 de julio, bajo el lema «En la diversidad construimos la Unidad». Participaron más de 110 personas, entre ellas familias acompañadas por sus hijos, jóvenes y adultos.

Se trataron diversos temas centrales, tales como: cómo construir la unidad en la diversidad; la realidad del dolor en nuestras vidas y su significado más profundo en Jesús Abandonado. Asimismo, se dieron las claves de lectura y el encuadre histórico de la Encíclica "Magnifica Humanitas", y se presentaron las distintas realidades sociales que desarrollamos en el Perú.

Hubo programas paralelos para niños y adolescentes, además de los trabajos por grupos de familias y de adultos. También se contó con la labor en diversos talleres: Economía de Comunión, cine, interioridad, política, oración del corazón, ecumenismo y diálogo interreligioso, así como uno dedicado a la inteligencia artificial.












No faltaron los momentos de fiesta: la fogata nocturna, el Mariapólital, los momentos de oración por la mañana temprano, la celebración de la Santa Misa y un espacio para juegos.

Pero dejemos que algunos de los participantes nos comenten con sus propias palabras cómo vivieron esta Mariápolis:


🔵 Katerine Huber

Como experiencia personal, asistir a la Mariápolis me ayuda a despejar mi mente y a llenarme de ese amor al prójimo que muchas veces es difícil de poner en práctica; pero ver a otros que sí pueden te contagia y te lleva a la reflexión.

Ejemplo claro de ello fue ver a un padre sirviendo y ayudando a repartir comida —compartiendo en lo poco con otros—, y a otro padre ayudando a un niño a sacar su pelota de un árbol. Verlos involucrados con el pueblo causó en mí algo muy gratificante.

Por otro lado, me encantó ver a los matrimonios y pensar que en un futuro quisiera estar así con mi esposo e hijos. Ha sido una experiencia gratificante y me voy contenta, ¡como todos los años!


🔵 Diana Sarmiento

Lo que más me gustó de la Mariápolis fue poder compartir con muchas personas las cuales me dejé sorprender, descubriendo mundos distintos, únicos e inigualables. Me conmovió ver la fragilidad de algunos, pero en la mayoría pude palpar esperanza y ganas de una vida llena de amor y de valores.

Se reafirmó también mi convicción de darle prioridad a la oración, porque gracias a ella me abro al amor, a la profundidad del ser, a tener mayor conciencia y capacidad de escucha, así como apertura al mundo, al otro y a Dios. Me ayuda a amar desde Jesús, respetando al otro tal como es, sin pretender cambiarlo, sin querer adoctrinarlo, de manera desinteresada. La Mariápolis, como la vida misma, es una Escuela de Amor y para el Amor; por eso es tan importante tener raíces profundas.


🔵 July Rodríguez

Se ha sentido una corriente de amor y donación de viejos y nuevos mariapolitas, donde todos hemos construido la Mariápolis; por eso estuvo tan bella. Siempre es nueva, Dios en su inmensidad nos llena de sorpresas. La presencia de los sacerdotes ha sido un regalo hermoso: se podían ver numerosos coloquios, confesiones, misas concelebradas… También las familias se acercaron a nosotros y tuvimos varios coloquios; el día 27 estuvimos con Ricardo hasta la 1:00 a. m. (algunas veces a pedido del padre Gerard). Todos en una donación de amor. Jesús en medio permitía que incluso la gente nueva abriera su corazón.


🔵 Caner Cayiroglu

Quiero agradecerte de todo corazón por invitarnos a participar en este encuentro tan especial. Fue una experiencia realmente muy bonita y enriquecedora. Disfrutamos mucho de cada una de las charlas y reflexiones. Cada actividad estaba muy bien preparada y nos permitió aprender, reflexionar y conocer mejor a las personas que nos rodeaban. También queremos agradecerte por la calidez con la que nos recibieron. El ambiente fue muy acogedor, el jardín era precioso y nos sentimos como en casa desde el primer momento. Nos llevamos una experiencia bonita y estamos muy agradecidos por haber tenido la oportunidad de formar parte de este encuentro. Gracias por su dedicación, su generosidad y por abrirnos las puertas de una comunidad tan maravillosa. Que Dios los bendiga siempre y siga guiando todo el bien que hacen. Esperamos volver a encontrarnos muy pronto. Muchísimas gracias.


🔵 Heli Ramal

Nunca he sido una persona de muchos amigos, pues siempre me he sentido incomprendido. No obstante, la Mariápolis ha sido un espacio maravilloso para conocer personas que también anhelan construir un mundo justo y fraterno. Mi corazón está lleno de gratitud por todo lo compartido.


🔵 Isabelle Quezada

La participación en la Mariápolis marcó un espacio de reconocimiento y reconexión con la vivencia de nuestra humanidad, en un clima de alegría, fe y hermandad. La convivencia, las reflexiones presentadas en las charlas y talleres, las conversaciones y demás actividades planteadas nos recordaron que el ideal de la unidad no es una utopía abstracta, sino que se vive y se construye diariamente en nuestras acciones y actitudes cotidianas. Al igual que en las primeras comunidades cristianas, la vivencia del amor y la unidad fue el pilar para seguir fortaleciendo la construcción de la comunidad con nuestros hermanos del movimiento, y sobre todo para dar testimonio de que la apuesta comunitaria en un mundo fragmentado e individualista es posible, y es una tarea urgente a la que todos estamos llamados.


🔵 Claudia Hurtado de Martos

Hay también una reflexión personal que quisiera compartir. Conversando después con César, comprendimos algo que en su momento no supimos ver con claridad respecto a Eli. Estuvimos bastante absorbidos por la organización y por la atención a las niñas, y eso hizo que se nos escaparan algunos detalles importantes.

Ahora entendemos que debimos haber integrado mejor a Eli en la conducción y en la dinámica del espacio del Mariapólital. Recuerdo incluso que en algún momento él se acercó a preguntar cómo sería la organización, y yo asumí que alguien más estaba viendo ese tema. Mirándolo ahora, creo que debí detenerme y asegurarme de comprender cuál era el plan con él y cómo podía involucrarse.

Si en algún momento sintió que no se le dio el espacio que merecía, me gustaría expresarle mis disculpas. No sé exactamente cómo lo vivió él, pero me queda la sensación de que quizás tenía ganas de aportar más y no supimos canalizarlo adecuadamente.


🔵 Joaquín Contreras

Fue un momento importante, pues no suelo dialogar con gente de otros entornos que no sean artísticos o políticos; también me dio tiempo para reflexionar. Estaba con Heli, quien me ayudó a tener mayor motivación al inicio (me cuesta adaptarme, a veces soy muy de mi mundo), pero logré profundizar con muchas personas. 

El taller de cine me gustó porque se habló de las bases del arte cinematográfico y hubo una pregunta muy buena sobre la moral y el cine. Creo que la gente en general puede tener interés en esto cuando lo espiritual contacta con la realidad. Se crea una verdadera sensación de comunidad.


🔵 Kiara Chiroque

Desde mi experiencia en esta Mariápolis me sentí muy contenta. Había nuevas actividades y proyectos para realizar en estos tres días. Me gustó mucho la noche en la fogata: compartimos, cantamos, bailamos y nos divertimos mucho; me hizo recordar que Dios está en cada detalle.

La segunda noche también fue muy especial: todos participaron e hicieron muchas presentaciones que transmiten la realidad de la sociedad y cómo es la convivencia en cada familia. También me di cuenta de que no todas las familias son perfectas, siempre hay algo que cambiar y mejorar. Asimismo, en cada misa reflexioné y agradecí a Dios por darme una maravillosa familia para que me siga guiando por el camino del bien. Fue una experiencia inolvidable y seguiré perseverando.


🔵 Flor Poma Santivañez 

Mi nombre es Flor Poma Santivañez y vivir mi primera Mariápolis ha sido una experiencia maravillosa. Agradezco infinitamente a Dios por haberme permitido conocer que existen personas que buscan vivir con coherencia el Evangelio, poniendo en práctica la Palabra de Dios en cada acción de su vida. Durante estos tres días descubrí que el amor al prójimo no solo se predica, sino que se vive en los pequeños detalles de cada día.

Los hermanos y hermanas de los Focolares, con su acogida, sus enseñanzas y sus gestos de amor, hicieron de esta Mariápolis una experiencia llena de paz, fraternidad y esperanza. Cada detalle reflejaba el deseo sincero de construir un mundo más unido, donde el respeto, la escucha y el servicio fueron el lenguaje cotidiano.

Esperé durante mucho tiempo la oportunidad de participar en una Mariápolis y hoy puedo decir que superó todas mis expectativas. Regreso a casa con el corazón lleno de alegría, con nuevos amigos, con el deseo de seguir creciendo espiritualmente y con el compromiso de llevar esta experiencia a mi familia, a mi trabajo y a cada lugar donde Dios me permita estar. 

Gracias a Dios, a Chiara Lubich por su legado y a toda la familia de los Focolares por hacerme sentir parte de este gran ideal de la unidad. Esta ha sido una experiencia que permanecerá para siempre en mi corazón.


Sigamos construyendo esta Mariápolis cada uno en donde vive, llevando allí todo lo que aprendimos: la cercanía con el otro, el amor al prójimo, cómo la diversidad con el otro nos enriquece, ser constructores del bien común allí donde vivimos, cuidar nuestra vida interior para ir al encuentro del otro, ser familia y ser comunidad.


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Próximo encuentro de comunidad: “Post Mariápolis”

🗓️ Domingo 23 de agosto

🏠 Centro Fiore

     Jirón 28 de Julio 459, Magdalena del Mar 

  De 9:30 am,  a 05:00 pm 

🚗 Mapa cómo llegar  

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Comentarios

  1. Regresar a casa tras la Mariápolis renueva la vida cotidiana. Como madre y esposa, a menudo me abruman las exigencias del hogar, pero ver a tantas familias compartiendo la misa y la oración matutina fortaleció profundamente mi fe. El lema sobre la unidad nos invita a recordar que Dios actúa en los detalles más sencillos. Me conmovió la acogida de los Focolares y la entrega de los sacerdotes. Vuelvo renovada para seguir sirviendo con paciencia a los míos, llevando la luz del Evangelio a mi comunidad y reconociendo el amor divino en cada pequeña acción compartida.

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  2. La experiencia en Chosica superó mis expectativas. Guardaba dudas sobre si llevar a mis hijas pequeñas sería complicado, pero la acogida de la comunidad superó todo obstáculo. Los talleres de oración del corazón y la misa matutina renovaron mi espíritu. Observar a otras mujeres entregadas al servicio con una sonrisa contagiosa reforzó mi convicción de que la fe se demuestra en el amor cotidiano. Siento una inmensa gratitud con Dios y Chiara Lubich por este legado tan hermoso. Regreso a mis labores renovada, decidida a transmitir en mi hogar la paz y la fraternidad aprendidas.

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  3. Asistir este año fue una bendición inmerecida. Descubrí que la vida interior no nos aleja del mundo, sino que nos acerca a quienes sufren. La charla sobre Jesús Abandonado conmovió mi corazón de madre, mostrándome que el dolor cobra sentido cuando se ofrece con amor. Sentir la presencia de Dios en cada diálogo nocturno y en la Misa fue único. Agradezco sinceramente a los organizadores por cuidar cada detalle con tanta delicadeza. Regreso motivada a edificar la unidad en mi parroquia y a ser un reflejo constante del amor de Cristo con mis seres queridos.

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  4. Como mujer de fe, este retiro en Chosica me recordó la importancia de pausar y nutrir el alma. La vida moderna nos acelera, pero el taller de interioridad me enseñó a escuchar la voz de Dios en el silencio. Compartir momentos de oración con otras familias me demostró que la promesa de la unidad es real cuando ponemos al Señor en el centro. Me conmovió la calidez del grupo y la entrega incondicional en el servicio. Regreso con el corazón lleno de gozo, lista para testimoniar esta vivencia cristiana en mi centro de trabajo diariamente.

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  5. Esta Mariápolis ha sido un bálsamo reconfortante para mi espíritu. En un tiempo donde la prisa ahoga lo importante, haber compartido las mañanas de misa y los momentos de oración con personas tan entregadas renovó mi vocación de servicio. La reflexión sobre la Encíclica nos brindó bases sólidas para entender nuestro compromiso social como católicas. Agradezco la delicadeza con la que acogieron a mis hijos en sus actividades. Me voy con la certeza de que la mano de Dios estuvo guiando cada jornada e impulsándonos a ser faros de fraternidad en nuestros entornos.

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  6. Vivir mi primera Mariápolis me permitió experimentar el abrazo maternal de la Iglesia. Ver la alegría con la que los jóvenes servían la comida y ayudaban a los ancianos me contagió de una profunda gratitud hacia la providencia divina. El taller sobre la oración del corazón afianzó mi práctica diaria. Siento que el Señor me llamó a Chosica para recordar que la diversidad no divide cuando la caridad reina. Vuelvo a mi rutina diaria con energías renovadas, confiada en que el espíritu de este encuentro trasformará de a pocos nuestra sociedad limeña.

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  7. Qué días tan luminosos pasamos en la naturaleza. Para mí, que busco sostener espiritualmente a mi familia, presenciar la armonía de tantas generaciones reunidas bajo el ideal de la unidad fue un regalo del Cielo. La fogata nocturna y los cantos alabando al Creador llenaron mi alma de gozo. Entendí que la oración constante nos otorga la paciencia para aceptar al prójimo tal como es. Doy gracias a Dios por cada hermano con quien pude conversar, confiando en que este camino de fraternidad que recorremos juntas dará frutos abundantes en nuestras comunidades.

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  8. Fue un tiempo de profunda conversión personal. El tema de Jesús Abandonado tocó fibras sensibles en mi historia, enseñándome que mis heridas pueden convertirse en fuentes de gracia para acompañar a otros. Sentirme rodeada de mujeres valientes que buscan encarnar la Palabra de Dios fortaleció mi fe. Los talleres nos ofrecieron herramientas valiosas y la eucaristía fue el broche de oro de cada jornada. Me despido con gratitud en el pecho, ansiosa por encontrarme de nuevo en agosto y continuar tejiendo esta red de caridad que tanto bien le hace a nuestro país.

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  9. Mi corazón desborda de gratitud tras estos días en Chosica. Como cristiana, solía sentirme sola intentando promover valores en mi entorno profesional, pero ver la entrega de tantos hermanos me devolvió la esperanza. La Misa diaria y la atmósfera de respeto mutuo renovaron mis convicciones más profundas. Aprendí que el amor fraterno exige escucha atenta y renuncia al propio egoísmo. Felicito de todo corazón a la organización por su paciencia. Le pido a Dios que nos conceda la gracia de mantener viva la llama de este encuentro en nuestras familias y parroquias.

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  10. Como madre de dos adolescentes, encontrar espacios que fortalezcan el espíritu de toda la familia resulta fundamental. La Mariápolis fue exactamente esa bendición. Ver a mis hijos participar entusiasmados en sus talleres mientras yo profundizaba en el misterio de la caridad cristiana superó cualquier expectativa. Las eucaristías compartidas tuvieron una unción especial que me llenó de paz interior. Agradezco infinitamente a los sacerdotes por su disponibilidad en las confesiones. Nos despedimos con la resolución renovada de seguir a Cristo en lo cotidiano y llevar este testimonio a nuestro entorno comunitario siempre.

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  11. Llegué cansada por el ajetreo diario, pero me voy con el alma fortalecida por la gracia de Dios. Las reflexiones sobre la Encíclica y el llamado a edificar la unidad fortalecieron mi misión de vida. Me emocionó ver la sencillez con la que se compartía la mesa, sin distinciones, recordando las primeras comunidades cristianas. Las oraciones al amanecer me permitieron reencontrarme con la presencia divina. Gracias a Chiara Lubich y al Movimiento de los Focolares por inspirarnos a ser instrumentos de paz en un mundo que necesita conocer el amor transformador del Señor.

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  12. La experiencia en Chosica confirmó que Dios hace nuevas todas las cosas. Me impresionó la calidez de las hermanas y la disposición general para el diálogo sincero. La reflexión sobre cómo asumir los momentos de sufrimiento bajo la luz de Cristo consoló penas antiguas que guardaba en mi pecho. Además, los espacios de alabanza y las misas concelebradas fueron una fuente inagotable de gozo. Regreso con el firme compromiso de ser fermento de amor en mi hogar, educando a mis hijos bajo los principios del Evangelio y sirviendo generosamente a mi prójimo.

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  13. Como padre de familia, acudir a este encuentro en Chosica reforzó mi compromiso de velar por el bienestar espiritual de los míos. Ver a otros hombres sirviendo con humildad en el comedor o cuidando a los niños me dio un testimonio de verdadera fraternidad cristiana. Las charlas sobre la Encíclica nos dieron pautas claras para orientar nuestro trabajo diario hacia el bien común. Agradezco a los sacerdotes por su guía en las confesiones. Me retiro con la fe fortalecida, convencido de que la oración en el hogar es la base para edificar una sociedad más justa.

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  14. Fui con la idea de apoyar en la logística y terminé recibiendo una lección inolvidable de vida interior. Las mañanas de Misa y la profunda meditación sobre Jesús Abandonado me permitieron reconsiderar mis prioridades laborales y personales. El taller de economía de comunión me demostró que es posible administrar los negocios bajo principios cristianos sin perder el rumbo ético. Valoro enormemente el esfuerzo de la organización por crear este clima de respeto. Dios mediante, seguiré participando en estos espacios que nos desafían a vivir el Evangelio con coherencia y firmeza cotidiana.

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  15. El fin de semana en Chosica renovó mi vocación como esposo y padre. La rutina del trabajo a veces endurece el carácter, pero al contemplar el ejemplo de entrega desinteresada en la Mariápolis, comprendí la urgencia de ser un testimonio vivo del amor de Dios. Disfruté mucho del taller de política, pues demostró cómo la fe debe encarnarse en las decisiones cívicas. La convivencia en la fogata reforzó lazos de amistad fraterna con otros varones de la comunidad. Doy infinitas gracias al Señor por haberme permitido formar parte de este espacio tan sanador.

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  16. Reencontrarme con la comunidad en Chosica fue un regalo de la providencia. En mi labor cotidiana suelo enfrentar dilemas complejos, pero las reflexiones sobre la fe y el compromiso social esclarecieron mi visión. Las celebraciones litúrgicas me devolvieron la paz del corazón. Agradezco los diálogos que mantuvimos con los sacerdotes hasta altas horas de la noche; su escucha paternal fue sumamente gratificante. Me comprometo a aplicar estos principios en mi entorno profesional, convencido de que la caridad cristiana es la fuerza renovadora que nuestro país necesita para superar divisiones e injusticias sociales.

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  17. Fue un tiempo propicio para desconectar del ruido urbano y reconectar con el Señor. Ver a tantas familias unidas en la Eucaristía me infundió una inmensa esperanza en el futuro de nuestras comunidades. Como hombre abocado al trabajo técnico, el taller sobre inteligencia artificial y fe me pareció de un nivel extraordinario. Me llevo la certeza de que Dios nos llama a ser constructores de paz en cada ambiente que frecuentamos. Un reconocimiento sincero al equipo por el impecable orden y el espíritu de servicio demostrado a lo largo de todo el encuentro.

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  18. Participar en la Mariápolis afianzó mi convicción de que la oración sincera transforma vidas. Observar a padres compartiendo tareas sencillas mientras sus hijos jugaban en paz me recordó el ideal de las primeras comunidades de creyentes. Las charlas teológicas sobre la Encíclica nos brindaron herramientas de formación sólidas. Agradezco la oportunidad de haber participado en las dinámicas grupales junto a hermanos de distintos orígenes. Regreso a mis obligaciones diarias con el firme propósito de testimoniar la caridad de Cristo y servir a mi familia con mayor dedicación y entrega constante.

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  19. Como jefe de hogar, a menudo busco respuestas para guiar a mi familia por el buen camino. La Mariapolis fue el lugar perfecto para hallarlas en Dios. Las reflexiones sobre el dolor con luz pascual me enseñaron a afrontar las dificultades familiares con serenidad y confianza en la divina providencia. Los espacios de camaradería entre varones, compartiendo experiencias de vida y fe, resultaron muy edificantes. Gracias al Movimiento por mantener encendido este carisma. Me despido con el ánimo en alto, sabiendo que la verdadera fuerza reside en mantenerse unido al Señor siempre.

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  20. Acudí con la expectativa de reflexionar sobre mi vida interior y hallé una verdadera escuela de caridad. El momento de la Santa Misa matutina / P. Gerard, rodeado de hermanos de todas las edades, me hizo sentir la presencia viva del Espíritu Santo. Las ponencias teológicas fueron esclarecedoras para aplicar el Evangelio en la función pública y el trabajo privado. Me conmovió la actitud de humildad observada en los encargados del evento. Vuelvo a Lima fortalecido espiritualmente, decidido a guiar a los míos bajo la luz de la fe y el servicio incondicional hacia los demás.

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  21. Un encuentro extraordinario donde la fe se tradujo en obras concretas. Me impactó positivamente el taller de economía con Arnaldo, el cual propuso un enfoque verdaderamente cristiano frente a las finanzas. Las dinámicas de grupo me permitieron abrir el corazón y compartir mis luchas espirituales con otros padres de familia. La paciencia de los sacerdotes durante la jornada de confesiones merecen todo mi respeto. Dios bendiga la iniciativa del Movimiento de los Focolares; regreso a mi hogar con la tranquilidad de quien ha recargado el alma en la fuente inagotable del amor de Cristo.

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  22. La tranquilidad de Mariapolis fue el marco ideal para reencontrarme con la presencia de Dios. Como esposo, valoro los espacios que invitan a meditar sobre la santidad del matrimonio y la crianza de los hijos. La exposición sobre Magnifica Humanitas comentado por Marcelo, enriqueció mi criterio ético sobre la sociedad actual. Destaco la organización y el ambiente de absoluto respeto en las actividades deportivas y recreativas. Me retiro agradecido con el Creador por esta oportunidad de crecimiento espiritual, resuelto a promover la concordia y el amor fraterno en mi centro de labores.

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  23. La Mariápolis fue un espacio de sanación e iluminación interior. Contemplar el esfuerzo cotidiano de los organizadores por servir al prójimo con alegría genuina me desafió a superar mi propio egoísmo. Las oraciones compartidas al amanecer me otorgaron un profundo estado de paz espiritual. Las charlas sobre el sufrimiento humano, abordadas desde la teología de Jesús Abandonado, me dieron respuestas reconfortantes. Agradezco a la providencia por haberme permitido vivir esta jornada junto a mi familia, renovando nuestro compromiso irrenunciable con la Iglesia y el servicio generoso a los necesitados.

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  24. Retorno a mis responsabilidades con una visión renovada. En medio de las presiones diarias, la Misa y los momentos de recogimiento personal me recordaron que la verdadera fortaleza proviene del Señor. Aprecié en gran medida la honestidad de las discusiones en el taller de política y fe. Ver a hombres mayores y jóvenes trabajando codo a codo en las labores de limpieza y atención fue un ejemplo de auténtica caridad activa. Gracias por la impecable acogida; nos volveremos a ver en la reunión de agosto con el favor de Dios siempre.

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  25. Asistí a la Mariapolis motivada por conocer esta propuesta comunitaria y me voy gratamente sorprendida por el respeto demostrado. Aunque no practico ninguna fe ni me considero creyente, encontré en los talleres de interioridad e inteligencia artificial un nivel de debate ético muy valioso. Como profesional y madre, valoro los espacios donde se promueve la escucha activa sin pretender adoctrinar ni imponer dogmas. La cordialidad de la gente y la calidez en el trato humano fueron impecables. Me alegra haber participado y comprobar que la empatía puede unirnos por encima de cualquier diferencia ideológica.

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  26. Confieso que tenía cierto recelo sobre cómo encajaría en un retiro de esta índole al no compartir credos religiosos. Sin embargo, la apertura y la calidad humana me demostraron que la búsqueda del bien común es un lenguaje universal. Gracias especiales a Nazart. El taller de cine y el diálogo sobre la empatía cotidiana me parecieron sumamente enriquecedores. Como mujer preocupada por los dilemas sociales, aprecié cómo abordaron las problemáticas del Perú sin fanatismos. Me llevo un hermoso recuerdo de la fogata y de las conversaciones sinceras con madres de diversos antecedentes. Una experiencia profundamente enriquecedora.

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  27. La convivencia en la Mariápolis superó mis expectativas laicas. Mi meta principal era encontrar un espacio de pausa y reconexión personal lejos del estrés urbano, y Chosica resultó ideal. Aunque no comparto la dimensión espiritual del evento, me conmovió profundamente la solidaridad colectiva y el cuidado hacia la infancia. Aceptaron mi postura agnóstica con total naturalidad, permitiéndome participar en los debates sobre política y sociedad de manera horizontal gracias a la ayuda de Cesa e Isabel. Admiro la capacidad de este grupo para edificar puentes mediante el afecto genuino y el trabajo colaborativo en favor del bienestar general.

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  28. Fue un ejercicio de convivencia pacífica digno de replicar. Aunque mis convicciones no se alinean con la religión, presenciar cómo personas con distintas miradas del mundo compartían espacios de diálogo respetuoso me devolvió la confianza en el ser humano. Los espacios para el intercambio de ideas sobre equidad y ética social estuvieron muy bien estructurados. Agradezco la amabilidad de las organizadoras, quienes me hicieron sentir incluida como una igual en todo momento. Me retiro valorando la dedicación con la que construyen un entorno seguro y solidario para las familias peruanas.

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  29. Participar en la Mariapolis fue un acierto. Como estudiosa de los fenómenos sociales y mujer librepensadora, me interesaba observar la dinámica de los Focolares. Encontré una comunidad excepcionalmente acogedora, enfocada en promover el civismo y la tolerancia mutua. Aunque me mantengo al margen de la fe, rescato la profundidad de las discusiones sobre la fragilidad humana y la capacidad de resiliencia frente a la adversidad. El taller dedicado a la inteligencia artificial dado por Hector, planteó dilemas éticos cruciales. Agradezco la calidez con la que mi opinión fue escuchada y respetada por todos los participantes durante la jornada.

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  30. Me llevo una impresión muy positiva de este encuentro. Mi participación respondió a la curiosidad por conocer proyectos que fomenten la fraternidad social sin distinciones. A pesar de mi perspectiva agnóstica, hallé en la meditación y el silencio un espacio propicio para la autorreflexión diaria, con el taller de Interioridad. La atmósfera de concordia creadas en el jardín y en las dinámicas compartidas con otras familias demuestra que la búsqueda de la armonía es un anhelo profundamente humano. Agradezco sinceramente la tolerancia y el cariño con el que nos integraron a mis hijas y a mí.

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  31. Vivir esta experiencia me demostró que la ética compartida es un lazo poderoso. Como educadora y persona no creyente, me impresionó ver cómo enseñan a los niños a valorar la diversidad a través del juego y el respeto. Aunque las reflexiones religiosas no forman parte de mi cotidianidad, las ponencias sobre la empatía y la resiliencia social tocaron aspectos fundamentales de mi vida personal. Felicito a las voluntarias por su paciencia en la logística y al equipo de resepcion. Me retiro satisfecha, con el corazón pleno por haber presenciado un auténtico ejemplo de civismo y fraternidad comunitaria.

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  32. Mariapolis me ofreció un remanso de paz para pensar en el rumbo de mi vida. Aunque no me identifico con dogmas o doctrinas religiosas, disfruté enormemente el taller de cine y las discusiones sobre la trascendencia del arte en la cultura. La amabilidad de las mujeres que lideraban los grupos hizo que mi estancia fuera muy placentera. Es alentador constatar que existen colectivos capaces de dialogar con la diversidad sin juzgar. Regreso a mis actividades profesionales con una visión renovada sobre la importancia de la solidaridad en la edificación de nuestro futuro.

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  33. Fui acompañando a unos familiares y descubrí un espacio de sincera calidez humana. Aunque mantengo una posición de prudente agnosticismo respecto a los temas de fe, la generosidad de la comunidad me pareció incuestionable. Ver a hombres y mujeres colaborar sin distinción para servir la comida y cuidar las instalaciones reflejó una ética de trabajo impecable. Las dinámicas me ayudaron a reflexionar sobre mi papel como madre y ciudadana. Valoro la apertura con la que recibieron mis comentarios laicos y agradezco la dedicación desplegada por el equipo organizador durante el evento.

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  34. Un encuentro conmovedor que me demostró la fuerza de la empatía. Como persona no creyente, siempre busco espacios donde el humanismo se practique de forma concreta. En la Mariápolis encontré un ambiente de profundo respeto, donde la vulnerabilidad individual se acogía con delicadeza sin presiones para adoptar creencias ajenas. La noche en la fogata, compartiendo música y reflexiones de vida, fue sumamente agradable, gracias por los hermosos cantos de Martin. Agradezco sinceramente a las coordinadoras por su esfuerzo y tolerancia. Me voy con la convicción de que el diálogo sincero es la herramienta principal para sanar nuestra sociedad.

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  35. Mi balance tras estos tres días es altamente enriquecedor. Aunque estoy al margen de la práctica religiosa, la Mariápolis representó una oportunidad dorada para meditar sobre mis relaciones personales. El taller de interioridad me permitió conectar con mis emociones desde una mirada introspectiva y filosófica. Rescato la calidez de los diálogos en los jardines con otras mujeres que compartían sus luchas cotidianas. Es reconfortante comprobar que podemos encontrar puntos de coincidencia en el respeto, el apoyo mutuo y la solidaridad, trascendiendo las fronteras de cualquier creencia o ideología particular.

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  36. Como hombre de formación científica y agnóstico, acudí con cierta reserva a este evento en Mariapolis. Sin embargo, encontré un diálogo ético de excelente nivel. El taller sobre inteligencia artificial abordó implicaciones sociales con mucha seriedad y sin sesgos dogmáticos. Valoré especialmente la disposición de los coordinadores para escuchar posturas secularizadas sin intentar adoctrinar. La convivencia democrática y el apoyo mutuo observados en las actividades logísticas son admirables. Me retiro con un profundo respeto por el trabajo social que realizan en favor de la cohesión comunitaria en el país.

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  37. Participar en este encuentro resultó una experiencia analítica y humana sumamente interesante. Pese a no profesar ningún credo, aprecio las iniciativas que promueven el altruismo y el bien común en un entorno social tan polarizado. Las discusiones en el taller de política aportaron luces sobre cómo edificar ciudadanía desde la acción local. Como padre, me tranquilizó ver a mi hijo participar en dinámicas educativas centradas en la colaboración. Agradezco la tolerancia de la comunidad hacia las posturas agnósticas; demostraron con hechos su lema sobre la riqueza de construir en la diversidad.

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  38. Fue un fin de semana propicio para el descanso y la introspección personal. Aunque me mantengo escéptico frente a los postulados religiosos, encontré en los talleres de cine y cultura un espacio enriquecedor de reflexión filosófica, gracias a Heli y Joaquin. La organización del evento fue destacable, evidenciando un alto grado de compromiso cívico y orden por parte de los voluntarios. Compartir conversaciones francas con otros varones sobre los retos de la paternidad contemporánea fue gratificante. Saludo la apertura del Movimiento para acoger a personas de distintos antecedentes ideológicos con absoluto respeto a su libertad.

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  39. Mi paso por Mariapolis me permitió confirmar que los valores de solidaridad y empatía son patrimonio de toda la humanidad, independientemente de la fe. Aunque no comparto los ritos ni la teología del grupo, me impresionó la ética de servicio demostrada por los jóvenes en la atención de los asistentes. La conversación nocturna sobre los problemas de la sociedad peruana fue honesta y plural. Agradezco a los organizadores por brindarme un espacio donde manifestar mi pensamiento agnóstico con total soltura. Una jornada cívica y humana de un valor insoslayable.

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  40. Como profesional interesado en la dinámica de grupos, asistí a la Mariápolis para conocer su trabajo social. Me topé con una estructura organizativa eficaz y un ambiente humano sumamente cálido. A pesar de mi condición de no creyente, participé activamente en las mesas de diálogo sobre economía y sociedad con Arnaldo y Flor, encontrando una capacidad de escucha genuina en los interlocutores. Observar a familias enteras colaborando activamente en el mantenimiento del lugar resulta aleccionador. Me llevo una grata impresión sobre la capacidad del colectivo para fomentar la concordia mediante el respeto mutuo.

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  41. Llegué a Mariapolis en busca de un entorno tranquilo para ordenar mis pensamientos personales. Aunque mi postura ante la religión es puramente agnóstica, la experiencia comunitaria me pareció refrescante. La ausencia de presiones proselitistas permitió que me integrara con soltura a los talleres de debate ético. Como esposo, valoré los momentos de intercambio sobre convivencia y resolución pacífica de conflictos familiares y una charla con el Dr. Cesar Guzman. El trato dispensado por el equipo fue impecable en todo momento. Me alegra constatar que existen espacios donde la diversidad de pensamiento es recibida como un valor enriquecedor.

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  42. Un encuentro sumamente interesante desde la perspectiva del diálogo plural. Aunque no profeso ninguna creencia espiritual, las ponencias sobre la fragilidad humana y la búsqueda de sentido en el dolor ofrecieron puntos de contacto filosóficos muy valiosos. Aprecié el orden en la logística y el ambiente festivo de la fogata. Conversar con personas de trayectorias tan diversas me demostró que la empatía no requiere de dogmas para manifestarse. Agradezco al grupo organizador su hospitalidad y el absoluto respeto mostrado hacia mis convicciones laicas a lo largo de todo el encuentro.

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  43. Como ciudadano preocupado por la fragmentación social, encontré en la Mariápolis un modelo inspirador de cooperación comunitaria. No soy una persona creyente, pero valoro enormemente el empeño por inculcar principios de honestidad y apoyo mutuo en las nuevas generaciones. El taller de inteligencia artificial superó mis expectativas por su enfoque reflexivo sobre la técnica y el ser humano. El trato afable de los encargados hizo que la estadía fuera cómoda y provechosa. Me despido satisfecho por haber compartido un espacio de civismo y aprendizaje colectivo tan transparente.

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    Respuestas
    1. El que digamos que no somos creyentes… queda atrás por el hecho de que cree en el amor recíproco es fundamental

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  44. Retorno a Lima reconociendo la valía de estos espacios de diálogo. Aunque mi visión del mundo es secular y agnóstica, no puedo sino felicitar la calidez con la que fuimos recibidos. La dinámica de los talleres fomentó la libre expresión sin pretensiones de adoctrinamiento. Como padre, disfruté ver a mi hija desenvolverse en un entorno sano y seguro. Destaco el respeto incondicional hacia quienes pensamos distinto sobre las cuestiones trascendentes. Fue una muestra clara de que es posible coordinar esfuerzos por un país más justo mediante el afecto y la razón.

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  45. Mi experiencia en Mariapolis me deja una profunda reflexión sobre la convivencia humana. Pese a mi distanciamiento de la fe institucional, presenciar el esfuerzo honesto de tantas personas por construir comunidad basándose en el respeto recíproco resultó gratificante. El taller sobre cine brindó debates estéticos y morales de mucho interés personal. Agradezco la cordialidad de los organizadores y la naturalidad con la que acogieron mi perspectiva laica en cada conversación. Me llevo el recuerdo de un fin de semana sereno, marcado por el civismo, la tolerancia y el intercambio enriquecedor. El tema de la Enciclica (guaw), no tenia idea que existiara ese documento, pero ya me la compre y la estoy leyendo.

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    1. Construir es lo que nos pone a darnos y así ser partícipes de la construcción del Reino de Dios

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  46. La Maríapolis fue una enseñanza un aprendizaje excelente convivencia fue una experiencia llena de energía donde aprendimos muchas cosas la convivencia como familia como hermanos los talleres excelente un descanso también de la ciudad que nos agobia el estrés diario de verdad agradecido tanto mi familia como yo por la invitación agradecidos con los focolares también.
    Pedro Rodriguez

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  47. La Mariápolis fue para mí una gran experiencia de vida y muy motivador con temáticas de primer nivel. He participado en otros encuentros de otros movimientos y por este motivo me animo a darles algunas sugerencias para mejorarlas, son pequeños detalles, pero al final de cuenta son los detalles que hacen la diferencia. 1- Mejorar el menú de las comidas; menús no balanceados, demasiados carbohidratos, tenemos en nuestra cocina peruana un sinfín posibilidades a bajo costo y que darían una mejora a los menús. Me toco comer una banana que la termine tirando ya que estaba aún verde. 2- Lugares críticos peligroso arreglados improvisadamente por ejemplo a la entrada, esta es una falencia en la construcción. 3- Las sillas de la sala grande el primer día no eran aptas para un número tan grande de personas. Admiro el gran esfuerzo en el armado de este encuentro, pero el precio era un poco elevado, considerando al grupo familiar con 2 hijos. Disculpen mi franqueza, espero que sirva de algo para mejorar.

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    1. Con la ayuda de cada uno de ustedes que se sumen, seguramente mejoremos como tu indicas. Gracias por tu crítica constructiva.

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